Las “emparedadas” de la Catedral de La Laguna

De entre las diversas formas de piedad, devoción y ascetismo que proliferaron durante la Edad Media, la conocida como “emparedamiento” o “voto de tinieblas” fue una de las más radicales y extremistas. Como si de un monasterio privado se tratase, las emparedadas (ya que en su mayoría fueron mujeres) llevaron a cabo una reclusión voluntaria que fue muy bien valorada a nivel social, y de hecho algunas de ellas fueron llamadas “beatas“, entre otras denominaciones. Aunque se trataba en cualquier caso de experiencias religiosas privadas, recibieron el apoyo de la Iglesia y en ocasiones el lugar del emparedamiento fue el interior de los templos.

emparedadas-300x590Sabemos que en La Laguna, concretamente en La Catedral, tuvo lugar el único caso de emparedamiento registrado en Canarias. Siguiendo esa tradición medieval, su fundación fue muy temprana, a mediados del siglo XVI, cuando el templo era mucho menor de lo que podemos ver en la actualidad. Un texto de 1636 menciona que “no ay memoria de su prinçipio y es bien notoria dicha casa en todas estas yslas y de su aprobasion y exemplar nonbre causado de la obseruansia con que las fundadoras la an tenido“.  La vivienda, anexa a la Capilla Mayor del templo, comunicaba con él a través de una ventana de reja por la que las emparedadas podían asistir a los diferentes oficios religiosos, mientras que otro ventanuco les permitía realizar la obligada confesión religiosa. La existencia de este pequeño monasterio privado se constata también en la existencia por entonces de una callejuela conocida como “Callejón de Las Emparedadas”, que permitía acceder por el otro lado a la residencia. Como recoge el historiador Pérez Morera en un interesante artículo con documentación, la casa poseía zaguán, puerta, reja y torno para pasar los alimentos a las beatas desde el exterior.

Sabemos que este lugar de emparedamiento fue regentado por tres mujeres, que se sucedieron en el mismo como si de un título o una herencia se tratara. La primera fue Isabel de la Cruz, quien también creó una cofradía llamada de la Consolación de Nuestra Señora y de su limpia y entera Virginidad. Tras fallecer, el ejemplo de Isabel fue continuado por su sobrina María de las Vírgenes, quien tras fallecer en 1636 legó en su testamento el emparedamiento a su también sobrina María Emerenciana, quien había sido criada por su tía en dicho emparedamiento desde su niñez. Como menciona el testamento, custodiado en el Archivo Diocesano de Tenerife, con el lenguaje de la época:

Yten declaro que io tengo por mis bienes las cassas en que al pressente uiuo que es enparedado deslindada en la clausula de atras las quales dichas cassas yo las herede por testamento de Yssauel de la cruz que fue la primera enparedada que vbo en este enparedamiento la qual la ssuso dicha ysso y fabrico con sus propios bienes (…) Yten mando quiero y es mi boluntad que mi ssobrina Maria Ymerensiana de Acuña aya y lleue para ssi por bia de legado las cassas de mi morada deslindadas arriua con cargo de la dicha missa ressada

Así pues, la tradición continuó con María Emerenciana, quien declaró solemnemente guardar los votos de clausura y castidad, sin salir jamás de su reclusión, obedeciendo a las autoridades religiosas y de dejar a un lado su voluntad de manera que no la a de tener propia. Esto lo leemos en un documento muy valioso, fechado el 20 de febrero de 1636, se describe el momento en el que las autoridades eclesiásticas acudieron al emparedamiento a entrevistar a la emparedada con el objetivo de confirmar sus votos y advertirla de sus consecuencias espirituales.

…se le apercibe que la claussura perpetua es de mucho peso y que en su quebrantamiento se incurre en penas y censuras dijo que a considerado mucho lo que se le pregunta y que con la ayuda de dios nuestro señor se halla en disposicion de perseuerar en su intento en la forma que hasta aqui se a guardado en el dicho emparedamiento

celdasanpedro-300x450Una anécdota curiosa que tuvo lugar en el emparedamiento se fecha también en el año de 1636. Era habitual por entonces que cuando se cometía algún tipo de delito o cuando se huía de la justicia civil, los delincuentes se refugiaran en recintos religiosos. Era lo que se denominaba acogerse a sagrado. Pues por entonces algunos frailes y eclesiásticos escondieron a dos mujeres: Isabel López e Isabel Ana, quienes estaban siendo perseguidas por la justicia al haber envenenado a Catalina Gómez e Ignacio de Vera.

No conocemos mucho más del destino de las emparedadas. A medida que el templo crecía, el callejón de las emparedadas, descrito por Anchieta y Alarcón como uno de los más sucios de la ciudad, acabó por desaparecer con la construcción de nuevas capillas en el templo, quedando así sellado su recuerdo y su memoria.

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Canarias en Ruta

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